Alimentos que no se deben conservar en el frigorífico.

El frigorífico, o  nevera es hoy día, un electrodoméstico esencial en nuestros hogares (No confundir con La Newera, tus supermercados en Córdoba y Sevilla). Pero en ocasiones se nos olvida para qué sirve realmente, y cuál es su utilidad real. El frigorífico no es un armario donde guardar comida, es un instrumento que nos permite conservar mejor determinados alimentos gracias a que bajas temperaturas frenan el desarrollo de microorganismos y evitan que la fermentación aparezca antes de tiempo. Aún así, hay algunos alimentos que no se deben conservar en el frigorífico, o nevera.

Productos tales como tomates, cebollas, café, miel, aceite, pan, plátanos o patatas no mejoran su conservación en el frigorífico, al contrario, la refrigeración empeora su sabor y favorece la formación más rápida de mohos. Es preferible conservarlos en la despensa, a temperatura ambiente, o incluso no comprar grandes cantidades, que siempre podrás reponer en nuestras tiendas.

  • Plátanos. La refrigeración ralentiza el proceso de maduración de la fruta. Si se guarda un plátano verde, este permanecerá así durante un periodo de tiempo relativamente largo. Sí pueden introducirse los plátanos más maduros que no se vayan a consumir de manera inmediata y, a pesar de que la piel se vuelva negra o marrón, el fruto puede consumirse.
  • Tomates. Pierden su sabor en el frigorífico ya que el aire frío detiene el proceso de maduración, que da el sabor a este producto. También altera la textura porque el frío rompe las membranas de la fruta y lo hace más harinoso. Deben almacenarse a temperatura ambiente.
  • Ajos. La refrigeración hace que el bulbo se deteriore de manera más rápida porque añade humedad y favorece el crecimiento de moho. Solo puede almacenarse ajo en la nevera si se ha picado, y se hará en un recipiente cerrado herméticamente. No es recomendable congelarlo porque cambia la consistencia y el sabor. El ajo entero deberá almacenarse a temperatura ambiente.
  • Patatas. El frío puede dar lugar al aumento de la cantidad de azúcar que contienen y generar una textura arenosa (y, sin alarmar, con mayores niveles de acrilamida cuando se cuecen al horno o se fríen a altas temperaturas). Deben almacenarse en un lugar fresco y seco cuando se trata de patatas enteras. En el caso de que se quieran conservar patatas peladas y cortadas, sí es preferible hacerlo en la nevera, mejor con agua, y por muy poco espacioo de tiempo para evitar que se oxiden.
Alimentos que no se deben conservar en la nevera 1
Alimentos que no se deben conservar en la nevera 1

 

  • Cebollas. La humedad del frigorífico favorece la formación de mohos. La mejor manera de almacenarlas es mantenerlas en un lugar fresco, seco y bien ventilado. No deben almacenarse las cebollas enteras en bolsas de plástico.
Alimentos que no se deben conservar en la nevera 2
Alimentos que no se deben conservar en la nevera 2

 

  • Pan. El frío reseca el pan, por lo que no es aconsejable guardarlo en frigorífico.  Si se trata de rodajas de pan de molde, sí podrían almacenarse en frío. Es preferible almacenarlo a temperatura ambiente o congelarlo. Si se congela, debe envolverse para que conserve mejor su humedad.
  • Aceite de oliva. En frío se condensa y adquiere una consistencia similar a la mantequilla. Debe almacenarse en un lugar fresco y, a ser posible, oscuro.
  • Café. Si lo refrigeramos, el café pierde sabor y puede adquirir algunos olores de otros alimentos. El contacto con la humedad hace que se deteriore. Es preferible conservarlo en un lugar fresco y oscuro, donde conservará mejor su sabor y frescura, lejos del exceso de aire, humedad, calor y luz.
  • Miel. Los tarros deben cerrarse herméticamente, puede conservarse fuera de la nevera sin ningún problema durante años, siempre y cuando el envase esté bien cerrado. Con el frío,  se cristaliza y que se modifican sus particularidades de sabor y/o textura.

Vemos, por tanto que guardar los alimentos en el refrigerador no implica en general un riesgo alimentario en sí, pero a veces sí causa un deterioro de la calidad y una disminución de las propiedades.

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