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Helados: ¿placer o nutrición?

La ingesta de alimentos no sólo responde al mantenimiento de nuestras necesidades energéticas y nutritivas. La alimentación también dispone de una dimensión psicológica, íntimamente vinculada al comportamiento alimentario y relacionada a su vez, con el condicionante fisiológico. Esta dimensión psicológica es lo que se entiende como gusto alimentario. En los humanos existe sin duda, un estímulo incentivador que, más allá de aplacar el hambre o la sed, comporta la degustación de un alimento.

Helados y nutrición.

Helados y nutrición.

Los helados responden a las dos dimensiones de la alimentación, por una parte aportan energía y nutrientes, contribuyendo así a la dimensión fisiológica; pero principalmente, debido a su sabor, textura y frescor, contribuyen a la dimensión psicológica de la alimentación.

Hoy en día, una dieta variada, como ocurre en la dieta mediterránea, es una forma saludable de confeccionar una dieta equilibrada nutritivamente. Las frutas, las verduras, los cereales, las legumbre, los frutos secos y el aceite de oliva son fácilmente reconocibles como alimentos sanos; pero no es menos cierto que la carne, el pescado, los huevos, la leches, así como los helados, también ayudan a confeccionar una dieta con propiedades saludables (Vidal Carou, 2005).

No todos los helados son iguales, todos tienen en común la característica de que se elaboran a partir de la congelación de la mezcla de diversos ingredientes, pero en función del tipo y la cantidad de ingredientes utilizados tendremos diferentes tipos de helados. Aunque la clasificación legal es más exhaustiva, a efectos prácticos podemos diferenciar dos grandes grupos, los helados de base láctea (helados crema, helados de leche y helados) y los helados de base acuosa (sorbetes y helados de agua). El valor nutritivo de ambos grupos es distinto, pero tanto en un caso como en el otro pueden ser integrados, si queremos y nos gustan, en nuestra dieta.

Desde un punto de vista nutricional, los helados de base láctea aportan, además de valor placentero, energía y nutrientes de interés. No son ciertamente elementos básicos de la dieta, como puedan serlo frutas y verduras, pero sí pueden ser un agradable complemento de la misma. El valor nutritivo de los helados de base láctea radica fundamentalmente en la leche que contienen y por ello pueden destacarse como fuentes de calcio y de proteínas de elevado valor biológico.

Los sorbetes y helados de agua tienen como ingrediente básico el agua. Su valor nutritivo es menor, salvo que contengan una proporción significativa de frutas y derivados. Los sorbetes, en función de la naturaleza y cantidad de fruta que contengan pueden aportar dosis variables de micronutrientes (vitaminas y minerales), pero no cabe pensar en ellos como fuente significativa de los mismos. La práctica ausencia de grasa en estos productos, los hace adecuados para personas que tengan problemas relacionados con los lípidos (hipercolesterolemia y otros), pero siempre con moderación, ya que su contenido en azúcares puede ser también un punto crítico para estas personas.

Para valorar la adecuación nutritiva de un alimento, hay un principio que no debe olvidarse y es que no hay alimentos  “buenos” y “malos” sino dietas equilibradas o desequilibradas. Una dieta equilibrada comporta distribuir la ingesta de alimentos a lo largo del día de una manera ponderada según la comida de que se trate. En este contexto, los helados pueden ser buenos o malos según se integren bien o no en el conjunto de la dieta.